¿Te acuerdas cuando nos encerraron en nuestras casas y encima salíamos a las 8 de la tarde a la ventana para aplaudir como focas? 

Curioso.

Lo que también fue curioso es que en cuanto nos dieron un poco de libertad, las zonas de naturaleza más próximas de cualquier núcleo urbano estaban repletas de gente.

Nunca había visto nada igual, las montañas estaban masificadas. 

Mi vecino, que su mayor contacto con la naturaleza había sido en la la frutería, estaba allí.

Se palpaba una fuerte necesidad de alejarse de esa jaula de cuatro paredes, y seguir ese instinto profundo de experimentar esa sensación de libertad que solo te da la naturaleza.

Y joder, que bien sentaba.

¿Pero por qué?

Aquí hay una gran lección.

Las personas y la naturaleza siempre han estado íntimamente unidas, por eso cuando necesitamos despejarnos y desconectar casi siempre recurrimos a ella.

Nos da la paz y el sosiego que nos hace falta cuando nos sentimos sobrepasados.

No te olvides de que todos necesitamos un retorno a la naturaleza de vez en cuando.

¿Te gustaría hacer el Camino de Santiago solo?

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«Todos necesitamos un retorno a la naturaleza de vez en cuando»